A la zaga del tren, ahí sigo.
Entreteniendo mis horas entre letras desordenadas, cartas desparejadas y estruendos en el firmamento. Entre rosas algo marchitas y la brisa incendiara de algunos dragones.
Entreteniendo mis horas entre letras desordenadas, cartas desparejadas y estruendos en el firmamento. Entre rosas algo marchitas y la brisa incendiara de algunos dragones.
¡Qué lejos estás y, a la vez, qué cerca te tengo!
Vagabundo que aparece y desaparece en la estela del café recién hecho, revolviendo cordura entre el azúcar refinado. Sondrina te nombra al servir el zumo en vaso largo, obturando el diafragma de su cámara al son que más le brilla.
Y al recuperar tu sonido, las flores me inundan la mirada, los cerezos me cobijan y el punto japonés baña de rojo la pasión desparramada por el papel de carta.
Abrigarme la esperanza con el rasgueo de tu pluma y soñar que volveré a dónde lo dejé, al lugar dónde me aguardan tantas vidas ejemplares, y que tú has dado forma al leerlas en voz alta.
Late fuerte el reloj de cuerda, nunca dejó de hacerlo aunque yo dejara de oírlo. Y por ello la razón de mis desvaríos te pertenecen, de loco a loco.
Las mariposas me indican cómo llegar hasta ti, subidas al ritmo frenético de mi cuaderno de dibujo. Te prometo su color.
Perpetrado por Tara.
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